Nestor Kirchner

Néstor Carlos Kirchner Ostoic nació en Río Gallegos, en la provincia de Santa Cruz (Patagonia), el 25 de febrero de 1950. Fue hijo de Néstor Carlos, descendiente de inmigrantes alemanes y de María Ostoic, perteneciente a una familia de origen croata asentada en Punta Arenas (Chile).

Fue integrante de la Juventud Peronista, estudió derecho en la Universidad Nacional de La Plata y en 1975 contrajo nupcias con Cristina Fernández. Ambos crearon parte de la corriente izquierdista que ayudó a los Montoneros en los años previos al golpe de estado militar que derrocó a la presidenta María Estela Martínez de Perón.

En el año 1976 se recibió como abogado y volvió a Río Gallegos para ejercer la profesión, en su gabinete jurídico. Fue funcionario de la administración de la provincia de Santa Cruz, a fines de 1983 fue nombrado presidente de la Caja de Previsión Social de Río Gallegos. Durante los siete años terribles de dictadura militar (1976-1983) se mantuvo alejado del ruedo político, aunque fue a la cárcel en una ocasión por razones que no detalla su biografía oficial.

Gobernador de Santa Cruz 

En las elecciones municipales de septiembre de 1987, fue electo alcalde de Río Gallegos. Debido al éxito de su mandato, fue designado por el Partido Justicialista como candidato para la gobernación de la provincia, cargo para el cual fue electo con el 61 % de los votos el 8 de septiembre de 1991.

En su cargo como gobernador aplicó una política neokeynesiana expansionista, de fuertes inversiones públicas, diferente a la estrategia neoliberal y antiinflacionista del Presidente de la república, Carlos Saúl Menem, lo que le valió una reputación de político de centroizquierda dentro del grupo justicialista.

Nestor Kirchner logró reformar en dos oportunidades la Constitución provincial para que el gobernador pudiera ser elegido sin límite de periodos. También logró incrementar el número de jueces del Tribunal Supremo provincial y sus protegidos decían que lograron poner mordaza a la prensa local. Mientras sus partidarios realzaban su buena gestión, sus adversarios declaraban que había gobernado la provincia como un feudo, en el cual todas las fuentes de riqueza y trabajo eran manejadas por el gobernador y sus clientes (más del 40% de los trabajadores son empleados de la administración pública).

Cuando fue electo gobernador, en 1991, Kirchner recibió 630 millones de dólares de indemnización del gobierno federal, tras un juicio sobre los royalties financieros, a los que se sumaron otros 420 millones de dólares procedentes de las plusvalías consecuencia de la venta de las acciones que la provincia poseía en la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), comprada por la española Repsol.

A lo largo de varios años, los legisladores de Santa Cruz reclamaron sin lograr nada, precisiones sobre el monto exacto de ese patrimonio o botín provincial. Presionado por la prensa en la campaña electoral, Kirchner indicó el 13 de mayo de que 531 millones de dólares estabn depositados en varias cuentas bancarias de Suiza y Luxemburgo.

Carrera hacia la presidencia 

El presidente Eduardo Duhalde reconoció a Nestor Kirchner como candidato peronista y logró que el congreso del partido aprobara su estrategia de suspender la elección primaria y cambiar la liza de todos los aspirantes a la misma elección presidencial. Un acto destinado a impedir que Menem se alzara con la candidatura, aún a pesar del fallo de un juez federal con competencia electoral que prohibió la reforma de los estatutos del Partido Justicialista.

En sus discursos electorales, Kirchner se presentó como adalid del ala izquierda del peronismo, reformista y adversario del sistema neoliberal de sus antecesores. Asimismo, prometió mantener en el cargo al ministro de Economía, Roberto Lavagna, al que se le reconocía su ayuda en la mejoría económica de los primeros meses de 2003.

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el 27 de abril, el gobernador de Santa Cruz quedó en segundo lugar, con el 22% de los votos, detrás de Carlos Saúl Menem, que logró el 24%. Tras los de la provincia de Santa Cruz (60%), Kirchner obtuvo sus mejores resultados en la provincia de Buenos Aires (40 % de la población), gracias al apoyo del presidente Duhalde y del importante aparato del justicialismo.

Menem anunció el 14 de mayo su retiro de la carrera presidencial, lo que resultó en la proclamación de Kirchner como presidente electo. La capitulación de Menem, al renunciar al proceso electoral, no sólo perjudicó la legitimidad del nuevo Presidente, sino que también amenazó las instituciones democráticas ya duramente afectadas por la violenta revuelta popular, alentada por los peronistas, que hizo caer al gobierno de Fernando de la Rúa en diciembre de 2001.

Previo a la toma de posesión, el nuevo presidente visitó Brasilia y Santiago de Chile, donde obtuvo el respaldo de los presidentes Lula da Silva y Ricardo Lagos, respectivamente, para apuntar a la recuperación económica continental con una base social de centroizquierda. En su discurso de investidura, Kirchner volvió a hablar sobre el papel central del Estado en el desarrollo económico, prometió una lucha «implacable» contra la corrupción y puntualizó un reforzamiento del Mercado Común del Sur (Mercosur), conformado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

La presidencia de Kirchner 

Varios días antes de prestar juramento como presidente, Néstor Kirchner dio a conocer su cartera ministerial, en la cual mantuvo a cuatro ministros del anterior gobierno, entre ellos al titular de economía Roberto Lavagna, e incluyó a políticos de su absoluta confianza, en su mayoría justicialistas y algunos independientes. El nuevo equipo tenía un factor común en su composición: políticos jóvenes (entre 43 y 53 años), ajenos a los círculos de poder tradicionales y portadores de una visión de Estado lejana al neoconservadurismo que había gobernado al país en los últimos años.

Kirchner recibió el 25 de mayo de 2003 una deuda de alrededor de 178.000 millones de dólares y uno de los índices de paro, pobreza y marginación social más altos de la historia argentina. No obstante, desde el primer momento encaró con decisión la compleja situación del país e impuso un ritmo tan vertiginoso a las medidas iniciales que tomó que los medios de comunicación hablaron del «efecto» o del «estilo K». El nuevo presidente, ante los graves problemas sociales, políticos y económicos, mantuvo como prioridades la vigencia de los derechos humanos, la lucha contra la corrupción y la revisión de las políticas económicas neoliberales, que habían llevado al país a la ruina y al empobrecimiento de millones de argentinos.


Con el presidente brasileño Lula da Silva

En el ámbito interno, su gobierno se basó en el proyecto «transversal», consistente en alianzas extrapartidarias con dirigentes políticos a fin de combatir el caudillismo y los reinos de taifas del viejo peronismo, y en la afirmación de las instituciones del Estado y de la autoridad civil. En este sentido, apenas investido, hizo valer sus discursos presidenciales y destituyó a decenas de generales, almirantes y brigadieres involucrados con la guerra sucia y los reemplazó por oficiales «comprometidos con el futuro». Otro tanto hizo en la policía federal y los servicios secretos, la SIDE, al tiempo que alentaba al Congreso a agilizar el proceso político contra los jueces corruptos de la Corte Suprema.

Consecuentemente, el país fue recuperando sus signos vitales, aunque las cuestiones más delicadas que debía seguir tratando el gobierno de Kirchner estaban vinculadas con la deuda externa. Ante las draconianas exigencias del FMI, el presidente argentino respondió con inusitada firmeza logrando que este organismo y el G-15 reconocieran su tesis de que no habría pago de la deuda sin desarrollo. Al mismo tiempo, Kirchner implemetó una política exterior independiente de los Estados Unidos, restableciendo relaciones con Cuba, negándose a enviar tropas a Irak y oponiéndose a la política de Estados Unidos de subsidios agrícolas, así como a su pretensión de extender el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) al continente y de que se les otorgase inmunidad diplomática a sus militares en territorio argentino.

Derechos humanos

Durante el mandato de Kirchner el llamado «efecto K» continuó produciendo notables cambios en la sociedad argentina y en sus instituciones. En el terreno de los derechos humanos, la voluntad del gobierno de adoptarlos como una prioridad marcó un punto de inflexión en la política llevada adelante desde el retorno de la democracia en 1983 y significó un paso decisivo en la lucha contra la impunidad. Además de la puesta en marcha de una profunda purga en las Fuerzas Armadas, la policía y los servicios de inteligencia implicados en las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura militar, el gobierno acometió la renovación de la Corte Suprema de Justicia, duramente criticada durante el mandato de Carlos Menem por su sumisión frente al Ejecutivo. La medida, que fue aplaudida a nivel internacional como un paso positivo hacia la independencia del Poder Judicial, supuso la remoción de los miembros acusados de conformar una «mayoría automática» que siempre fallaba a favor del gobierno. Con la incorporación de mujeres, abogados garantistas y de centro-izquierda, se buscó equilibrar ideológicamente y por sexos la composición del organismo.

Para junio de 2005, la nueva Corte declaró inconstitucionales las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, aprobadas en 1986 y 1987. Su anulación permitió que se reactivaran las causas judiciales que involucran a centenares de militares, abriendo así la vía para juzgar los crímenes cometidos durante la dictadura. En 2006 se dictó la primera sentencia tras la derogación de estas leyes, que condenó a 25 años de prisión al represor Julio Simón por delitos de lesa humanidad. La decisión del gobierno de ceder el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el principal centro de detención ilegal de la dictadura, para construir un Museo de la Memoria, fue aplaudida por la opinión pública.

La exhaustiva investigación de las violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar siguió adelante, concretándose en la detención y condena de numerosos responsables. Pese al compromiso asumido por el gobierno de Kirchner, los fantasmas de la dictadura parecieron resurgir y la confianza de la ciudadanía sufrió un duro revés el 18 de septiembre de 2006, a raíz de la desaparición de Jorge Julio López, de quien no se halló rastro. Este trabajador de la construcción había testificado contra Miguel Etchecolatz, un alto mando de las fuerzas de seguridad cuando el país estaba bajo el gobierno militar, que había sido condenado a cadena perpetua. El 27 de diciembre del mismo año sufrió un destino similar Luis Gerez, tras testificar contra un ex policía acusado de crímenes de lesa humanidad. Afortunadamente, Gerez apareció vivo dos días después, pero con señales de haber sido torturado. El presidente Kirchner acusó del secuestro a elementos paramilitares y parapoliciales deseosos de amedrentar a la población.

Hacia 2005 la prensa y la oposición mostraron algunos factores que empañaban la espectacular recuperación económica del país, como la conflictividad laboral, las tarifas de los servicios públicos o la inflación, estos problemas no fueron obstáculo para que la ciudadanía diera el apoyo a Kirchner en las elecciones legislativas celebradas en octubre de ese año, a fin de renovar la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Planteados como un plebiscito en apoyo de la política gubernamental, los comicios constituyeron un claro aval a la gestión del presidente. Ya fuera solo o en alianza, el Frente para la Victoria obtuvo el 40 por ciento de los votos y consiguió sólidos triunfos en 16 de las 24 provincias. En la provincia de Buenos Aires, Cristina Fernández de Kirchner, esposa del presidente y primera candidata al Senado, obtuvo el 46 por ciento de los sufragios, sacando 26 puntos de ventaja sobre su rival, la también peronista Hilda Duhalde.

La recuperación económica

Kirchner creó un frente común con Brasil para hacer resurgir el Mercosur y renegoció el pago de la deuda externa con el FMI y otros organismos financieros internacionales en términos hasta entonces inéditos, logrando que, en febrero de 2004, en la XII Cumbre del G-15 celebrada en Venezuela, se reconociese la tesis de que la deuda internacional era impagable sin desarrollo. De acuerdo con esta línea de pensamiento, defendió, con el apoyo del Brasil del presidente Lula da Silva, la necesidad de una política continental común para tratar con la Unión Europea y Estados Unidos, oponiéndose a los intentos estadounidenses de imponer su propio mercado continental. El rechazo a la política comercial proteccionista de Estados Unidos y al ALCA se escenificó en la V Conferencia ministerial de la OMC, celebrada en Cancún (México) en septiembre de 2003, y en la IV Cumbre de las Américas, que tuvo lugar en noviembre de 2005, en Mar del Plata.

Luego de sacar al país de la cesación de pagos considerada la más grande de la historia económica mundial, uno de los mayores éxitos del gobierno fue la renegociación de la deuda externa con el FMI y otros organismos financieros, al realizarse en términos hasta entonces inéditos. La deuda con los acreedores privados ascendía a 81.800 millones de dólares, de los cuales, entre enero y febrero de 2005, se canjearon 62.200 millones, o sea el 76 por ciento del total de la deuda, con una quita de 27.700 millones sobre el valor nominal de la misma. Se trataba del mayor procedimiento de canje y con la más alta quita a los acreedores de la historia económica.

El genio detrás de de la exitosa estrategia fue el ministro de Economía, Roberto Lavagna, designado durante el gobierno de Eduardo Duhalde y confirmado en el cargo por Kirchner. No obstante, las crecientes discrepancias entre ambos culminaron en noviembre de 2005 con el desplazamiento de Lavagna y su reemplazo por Felisa Miceli, lo que no cambió las líneas de la política económica. En enero de 2006 el gobierno argentino pagó por anticipado el total de la deuda con el FMI, que ascendía a 9.530 millones de dólares, recurriendo a las reservas del Banco Central, que en ese momento sumaban más de 28.800 millones. La medida, destinada a ganar independencia política, fue duramente criticada por la oposición, pero un año después las reservas se habían recuperado e incluso superado.

El nuevo horizonte económico que había tomado el país al salir de la crisis se afianzó en los cuatro años de gobierno de Kirchner. Los logros de la política económica se tradujeron por un lado en un superávit comercial récord, gracias a las exportaciones que llegaron a su máximo histórico, y por otro, en una relativa mejora de los indicadores sociales. Después de la espectacular caída del PIB en 2002 de casi el 11 por ciento, en 2003 se experimentó una notable recuperación que alcanzó el 8,8 por ciento, debido sobre todo al crecimiento del consumo privado y de las exportaciones. Esta tendencia se consolidó en los años sucesivos.

Esta nueva etapa de expansión se basó en el papel importante de las exportaciones. Argentina volvió a exportar con fuerza al extranjero, especialmente a Brasil, México, Chile, Venezuela, Europa y China. En 2007 las exportaciones alcanzaban su tope histórico, al ascender a 55.301 millones de dólares, un 18 por ciento más que en 2006, y la balanza comercial acumulaba un saldo positivo de 11.400 millones de dólares, lo que representaba la duplicación de las ventas externas durante los años de gobierno de Kirchner. Aunque el núcleo de las exportaciones continúa integrado por los productos agropecuarios y agroindustriales, se fueron incrementando de forma relevante el papel de los bienes manufacturados, y, como elementos novedosos, del turismo receptivo y, en menor medida pero apuntando una tendencia interesante, de los servicios y productos informáticos y los profesionales y técnicos.


Kirchner y su esposa, Cristina Fernández de Kirchner

Los motores de la recuperación económica fueron primordialmente el agro, la industria, la construcción y el sector financiero. Esta alza se vio acompañada por el empuje en la inversión privada. La reactivación impulsó a su vez la recuperación del mercado laboral: el número de trabajadores contratados aumentó especialmente en la actividad motora del crecimiento, la construcción, seguida por la industria metalúrgica, los hoteles y los servicios inmobiliarios. Si en mayo de 2002 la desocupación alcanzaba al 21,5 por ciento de la población económica activa, su máximo histórico, a partir del año 2003 comenzó a registrarse un ritmo de descenso importante. En 2007 el índice de desempleo había descendido al 8,7 por ciento.

Despúes de hacer de conocimiento público su decisión de no postularse a la reelección presidencial, Néstor Kirchner cedió su plaza a su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, quien ganó los comicios presidenciales de octubre de 2007 y se convirtió así en la primera presidenta electa de la Argentina. Entretanto, Kirchner intensificó su actividad en el seno del Partido Justicialista. En las elecciones legislativas celebradas el 28 de junio de 2009, Kirchner se presentó como primer candidato de la lista Frente Justicialista por la Victoria a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Al conocerse la derrota sufrida por la formación, que sólo logró el 32,1 % de los votos, renunció a la presidencia del Partido Justicialista, cargo que reasumió el 10 de marzo de 2010, un mes después de ser operado por una afección en la arteria carótida. Kirchner, que nunca descartó volver a presentarse como candidato a la presidencia de la Nación en los comicios de 2011, fue nombrado secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) el 4 de mayo de 2010, pocos meses antes de su muerte.

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